LEONARD COHEN, EL OCASO DE UN SEDUCTOR
Llevas mucho tiempo esperando. Más de tres años aguardando
a que Leonard Cohen saliera de su caparazón para obsequiarte con otra
rodaja de su vida. En 1974, "Nueva piel para la vieja ceremonia" te
sacudió con su desgarradora lucidez, con la insólita
yuxtaposición de las canciones de Cohen y los estrambóticos
arreglos de John Lissauer, con su afinidad por las reivindicaciones feministas.
Si esa era una despedida, Cohen había elegido su momento óptimo
como hacedor-de-discos para hundirse en el oceáno de sus dudas y sus
neurosis. Pero luego te llegaron rumores de actividad. Mediados de 1977 y Cohen
estaba encerrado en unos estudios de Los Angeles. Pero no con John Lissauer --
ahora productor de ese otro iconoclasta canadiense de nombre Lewis Furey --
sino con... Phil Spector. ¡Oh! Ni siquiera la noticia de que Dylan y
Ginsberg estaban presentes en las sesiones logró tranquilizarte. Y
aguardaste con una mezcla de incredulidad, desconfianza y curiosidad. Igual que
yo, vamos.
Incredulidad. ¿Spector & Cohen?
¿Phil & Lenny? No, imposible. Veamos, ¿qué tienen en
común? En términos de personalidad, nada: Spector es un
ególatra que ha encajado mal su eclipse y que intenta remediarlo
viviendo rodeado de un misterio espeso, casi infantil; Cohen es una persona
transparente (un poema es como una persona desnuda, recuerda)
que se expone a la vista de todos en cada una de sus novelas, sus canciones,
sus poesías. Tampoco hay nada que sugiera que sus carreras podían
encontrarse. Spector viene del submundo sórdido de la industria del
disco, con sus artimañas, sus métodos gansteriles, su
ética de el-hombre-se-come-al-hombre. Cohen vivía en los
apacibles campos de la literatura hasta que por casualidad descubrió la
profesión de cantautor. Ni siquiera se asemejan sus momentos
artísticos: aunque le cueste reconocerlo, Spector ya no es un triunfador
-- son pocos los discos que ha producido en los años setenta y menos los
que han llegado a las listas de ventas -- mientras que Cohen ha estado siempre
bastante distanciado de todo ese tinglado comercial de éxitos, discos de
oro, promoción, giras y demás. ¿Spector & Cohen? Naaa,
sería como juntar al diablo con el santo.
Desconfianza. Porque, vamos a ver, ¿qué
posibilidades tiene el Cohen de sobrevivir al Tratamiento Spector? Pocas, muy
pocas. Habitualmente, Phil ha usado cantantes poderosos, expresivos, de
tesitura suficiente para hacerse oir entre el huracán de pianos,
baterías, vientos y violines que constituyen el grueso del famoso Muro
de Sonido spectoriano. De hecho, era preciso una voz increíble -- una
Tina Turner, un Bill Medley, una Ronnie Spector -- para estar a tono con la
grandiosidad wagneriana del monumental montaje instrumental que caracterizaba a
los irresistibles discos de Phil durante los años sesenta. Y... bueno,
Leonard Cohen no está en la misma categoría. En realidad, Cohen
usa su diminuta voz para recitar-cantar lo cual le hace incompatible con los
arrolladores impulsos megalomaniacos del Gran Spector, ¿no?
Curiosidad. ¿Y si ese álbum conjunto resulta ser
el "Highway 61 revisited" de Cohen? Es decir, si Spector consigue transformarle
de un débil gorrión intimista en un titán rockero, como
Dylan hizo en 1965. ¿Saldrá un producto vendible de esos que
hicieron legendario a Spector hace muchos años? ¿Leonard Cohen en
el nº 1 de "Los Cuarenta y Nueve Principalísimos"? De acuerdo,
improbable. Pero ¿qué se puede esperar de tan extraña
pareja? Digamos quie son el más incongruente maridaje desde que Josef
Stalin y Adolf Hitler se reconciliaron para guerrear conjuntamente allá
por los años treinta.
LOS ANTECEDENTES
Todo era cierto. Spector asistió en 1974 a uno de los recitales
de Cohen en el Troubadour de Los Angeles. Ambos utilizaban los servicios del
mismo abogado-encargado-de-negocios así que poco después se
conocieron. La relación se prolongó y a principios de 1977, Cohen
volvió a visitar la mansión del productor en Hollywood. Y una
mañana, se pusieron a hacer algo disparatado: componer cancioncillas.
Spector tecleaba en su manífico piano de cola mientras que Leonard
imaginaba versos y más versos para acompañar a aquellos
fragmentos de melodías. Era un nuevo sistema para el compositor
canadiense, que normalmente trabaja sobre un poema ya existente al que va
adaptando laboriosamente un esqueleto melódico. Pero resultó.
Deja que el mismo te lo cuente:
"Recuerdo que la primera vez que
escuché la música de Spector fue a finales de los cincuenta,
cuando yo estaba empleado en una fábrica de Montreal y sonaba el "To
know him is to love him". Para mí, Phil no es un gran compositor pero es
atrevido. Se atreve a usar melodías corrientes y eso es lo que me
atraía cuando escuchaba sus primeras obras, "Unchained melody" o "Loving
feelin'". En esas canciones puedes sentir lo que le está ocurriendo al
personaje que narra la historia. Aquellas canciones eran verdaderamente
expresivas. Phil siempre ha sido un maestro en el arte de atrapar las
sensaciones de los ligues, de los amores, de los deseos, de la pasión...
el corazón del adolescente americano. Así que no me
importó convertirme en su Bernie Taupin." Y qué me dice del
resultado plastificado de este flechazo? Confiese, Mr. Cohen. Después de
todo, usted ha tenido otras experiencias negativas con productores. Recordemos
su famosa autopsia del trabajo de John Simon en su primer disco: "Se
prohibió que los arreglos se casaran con las canciones. A pesar de todo,
los arreglos quisieron organizar una fiesta. Las canciones prefirieron retirase
detrás de un velo de sátira". Díganos su juicio
sobre "Death of a ladies' man". Con total sinceridad...
"Lo que a
mí me interesaba era hacer buenas canciones. No me preocupaba el llegar
a un nuevo público ni nada de eso. Así que esta vez mi alma
está en el escaparate. Este álbum contiene algunos de los textos
más autobiográficos que yo he escrito. Son canciones directas en
plan de confesión. Así que ahora se puede saber que yo adoro a
las mujeres y que dentro de este exterior sereno, de esta pinta de Buda,
palpita un corazón adolescente. Así que quería que
las letras estuvieran en un fondo tierno en vez de colocarlas en una
situación áspera. A veces, logramos esa fusión. Y es que
este álbum tiene letras que están entre lo mejor que yo hya
hecho. Aunque yo nunca he estado al frente de un sonido tan poderoso. A
veces me gustaría que hubiera más espacio para que la
personalidad del narrador emergiese más claramente. Hay mucha
decepción y amargura en el disco. Pienso que el tono de este disco es
amplio, absolutamente abierto."
Bien, vamos a repasarlo por nuestra
cuenta ¿eh?
COHEN CONTRA SPECTOR: UN DUELO INCRUENTO
Repasando los créditos, descubres que Tio Phil no ha
renunciado a nada para esta ocasión. Que no se ha conformado con
manufacturar un delicado envoltorio semi-acústico, cuasi-folk para uso y
disfrute de su atribulado colaborador. Esto es la Spectormanía, chaval:
Dos baterías, cuatro percusionistas, seis guitarras, nueve teclados, dos
sintetizadores, dos bajistas, dos "slide pedal guitars", tres saxos, un
trompetista, dos trombonistas, un vibrafonista, dos flautistas, un "fiddler",
diecisiete vocalistas (coros y segundas voces) y otros muchos
colaboradores.
No hay equivocación posible: el acompañamiento
tiene todo el sello de una "Phil Spector production". Pero al viejo brujo del
sonido hay que reconocerle un alto grado de sensibilidad ya que cada uno de los
ocho temas tiene un tratamiento musical diferente, adaptado al clima de la
canción y al "pathos" del narrador. Las deficiencias vocales de Cohen
han sido minimizadas con fuertes dosis de eco, el refuerzo de gargantas
femeninas y una renovada confianza (de hecho, en algunos momentos Leonard llega
a... ¡cantar!)
Lo que tenemos en este "Muerte de un mujeriego" es un
total de ocho canciones hetereogéneas, ocho experimientos sonoros
alrededor de la voz y los sentimeintos de Leonard Cohen. Ocho canciones largas
ante algunas de las cuales uno no puede reprimir una reacción instintiva
de sorpresa/repulsión. Y sin embargo dejas sonar el LP una vez y otra
hasta que se acomodan en tu cerebro a pesar del incongruente respaldo lujoso
tipo pop-rock que choca con la viscosa intimidad de un Cohen cada vez
más morboso. Aprendes a quererlas aunque no estás seguro del
todo...
DIAGNOSTICO: IMPOTENCIA SENIL
Primero, separemos lo trivial de lo sustancial. En "Muerte de un
mujeriego" se incluyen un par de canciones deliberadamente standard que tienen
su encanto pero que son en realidad ejercicios de estilo del Cohen, intentos de
aproximarse a las convenciones de los compositores profesionales cuyas obrillas
surten el mercado de la canción de consumo.
Así,
"Fingerprints" no estaría fuera de lugar en una emisora country.
Violín rural, guitarra de pedal y otros toques a lo Nashville arropan
una historia llena de esas imágenes ramplonas pero ingeniosas tan
queridas de los verdaderos músicos de country & western. Cohen canta
con convicción y alegría, recordando tal vez sus lejanos
comienzos en un grupo vaquero:
(Fragmento de la
traducción de la letra, concretamente la segunda estrofa)
"True love leaves no traces" es una pieza pop de puro estilo spectoriano
que los Righteous Brothers hubieran cantado con complacencia. Un rico comienzo
orquestal desemboca en una bella canción romántica, con Ronee
Blakley arrastrando a Cohen en sus versos encendidos:
(Fragmento de la traducción de la letra, concretamente
la primera y la tercera estrofa)
Repito: una bellísima
canción que un cantante más convencionalmente dotado
podría aprovechar y hasta convertir en éxito. Aunque el
estribillo "El verdadero amor no deja señales/si tu y yo somos
uno/ etc, etc." -- no tiene suficiente grandiosidad
melódica.
Siguiendo con las sorpresas, "Don't go home with your
hard-on" es como una estampida de elefantes: saxos chillones, piano palpitante,
palmadas y todo el universo sonoro spectoriano desatado en una orgía
alcohólica que resulta especialmente desagradable en la primera escucha.
Luego, uno va apreciando el humor de ese Cohen desgañitándose en
medio del maremagnum sonoro y la voz chillona del Dylan respondiendo desde muy
lejos:
(Traducción completra de la letra)
Algo salvaje, caballeros. Aunque inicialmente suene grotesco, como
ocurre con "Memories", con su hueca solemnidad orquestal y unos coros tipo
años cincuenta, casi ahogando la inmodesta remembranza de un Cohen
transportado a la adolescencia:
(Traducción
completra de la letra)
Y mientras la mastodóntica orquesta va
desvaneciéndose surge una voz tierna entonando una balada sentimental de
los años del rock and roll, de los tiempos en que el sexo se
escondía bajo capas y capas de verborrea seudoromántica. Hay
verdadera emoción en esta pieza, donde contemplamos al poeta como
aprendiz de seductor, impelido por los deseos de disfrutar del cuerpo de
"the tallest and the blondest girl".
Añoranza.
Leonard Cohen tiene ahora cuarenta y cuatro años. Y la edad le pesa. La
mayor parte de "Muerte de un mujeriego" refleja ese declive fisiológico,
esta conciencia del poder erosivo del tiempo, este dolor ante la imposibilidad
de amar como en sus días salvajes. Resulta impresionante la franqueza
con que Cohen reconoce el hecho de su envejecimiento en una época donde
se veneran los atributos de la juventud.
Seguro, el rock está lleno
de compositores honestos que abren su corazón por menos que nada, pero
no conozco a nadie que se haya arrancado la máscara con tanta crudeza
como Leonard Cohen. Es imprescindible escuchar ese "Iodine" donde Spector ha
utilizado todos sus trucos, desde el eco para el vocalista hasta la
percusión estallando en primer plano, pasando por el hermoso arreglo de
viento firmado por Don Menza, con vibrantes solos después de cada
estrofa. Y Cohen va desgranando una historia tan hiriente como esta:
(Traducción completra de la letra)
Si
en "Iodine" vemos el fantasma de la impotencia física, "Paper thin
hotel" se refiere a otro tipo de posesión más cerebral y es
devastadora gracias al contraste entre la voz miserable de un Cohen abandonado
y la angelical envoltura musical con celestiales pinceladas de órganos y
sintetizadores. Es una historia hermosa y terrible, con el despecho malamente
reprimido de su protagonista. Y duele:
(Traducción completra de la letra)
En "I left
a woman waiting" aparecen restos de un poema publicado anteriormente en "Energy
of the slaves". Musicalmente, tiene un comienzo limpio y va in crescendo
según hacen acto de presencia nuevos instrumentos. Cohen canta con gran
claridad, aceptando con tranquila resignación su decadencia:
(Traducción completra de la letra)
Es
otro gran tema que debería llamar la atención de un Joe Cocker o
un Rod Stewart. Sin embargo, el corte que bautiza al álbum es personal e
intransferible.
Sobre un fondo etéreo, Leonard se alarga y se alarga
con una canción recargada de metáforas y simbolismos no siempre
diáfanos:
(Traducción completa de la
letra)
Así concluye "Death of a ladies' man". Un disco al que
tardas en adaptarte ya que destruye muchos de los mitos que Cohen lleva a
cuestas. Qué brutal paradoja... Leonard Cohen se reune con Phil Spector
-- le llamaban "rey del pop para teen-agers" -- para ofrecernos la
crónica del comienzo de su decrepitud. En cinemascope, tecnicolor,
sonido estereofónico y con todos los lujos orquestales... ¿no es
todo esto una locura? En parte, si que lo es. Mas exáctamente, un lapsus
estético. La prolijidad, el barroquismo, el sentido melodramático
de Spector caen en avalancha sobre Cohen y el producto resultante tiende hacia
lo esperpéntico. En otros momentos, las dos visiones reaccionan entre
sí y la explosión produce una luz total que intensifica nuestra
percepción del leivmotiv del arte de Cohen, el eros en todas sus formas.
De cualquier forma, estamos ante un artista que a los cuarenta y cuatro
años se arriesga experimentando con formas totalmente inéditas
para él. Esto es importante. Yo me inclino por extenderle un nuevo
cheque en blanco ¿vale?
Página terminada el 16 de Septiembre de 1999
Ultima modificación realizada el 27 de Octubre de 1999
©jtomasdo