El ejemplo de los emperadores, las ejecuciones públicas, los juegos, y la institución de la esclavitud; todo ello jugó un papel preponderante en el desarrollo y florecimiento del sadismo romano.      Probablemente, sólo una minoría de los romanos llegaban al orgasmo contemplando los crueles espectáculos celebrados para su entretenimiento; más bien se verían estimulados sexualmente por los espectáculos, hecho bien conocido por las prostitutas que les aguardaban a la salida. Al mismo tiempo, desarrollaron la pasión por la sangre y la callosidad hacia el dolor humano que les indujo a exigir entretenimientos más crueles y a repetirlos en sus vidas privadas con sus esclavos y a veces con sus hijos, que sufrían las crueldades que ellos acababan de contemplar.     

San Agustín, en sus confesiones, describió el efecto nefasto del anfiteatro:     

Un joven cristiano que vivía estudiando en Roma, habíase apartado siempre del anfiteatro, hasta que por fin fue llevado al mismo por sus amigos. Él les manifestó que podían llevar allí su cuerpo pero no su alma, y que estaría sentado con los ojos cerrados, ausentándose realemente del circo. Así lo hizo, pero un griterío inmenso le obligó a abrir sus ojos, ganado por la curiosidad. Entonces, su alma se vio más lacerada que los cuerpos de los que estaba viendo sacrificar, y su vida fue más lamentable que la de los que habían provocado el grito. Ya que la vista de la sangre hizo que experimentara el gusto por la crueldad; no pudo apartar ya la mirada; quedó fija; estaba ebrio de sangre. ¿A qué decir más? Siguió mirando, le ardió la sangre, y se marchó de allí tan loco que se vio obligado a volver para gozar del irresistible placer que proporciona, a esos seres, el espectáculo del dolor y la sangre.     

Que las mujeres, no menos que los hombres, responden eróticamente a las escenas de tortura ha quedado bien demostrado. Sin embargo, el comentario de George Ryley Scott ( La historia de la tortura a través de las edades), es interesante:      El sadismo del hombre es igualado y a veces eclipsado por el de la mujer. La diferencia, sin embargo, estriba en que para la mayor parte, el estímulo sexual no actúa como sustituto del coito, o como causa de la masturbación: usualmente induce a un mayor desarrollo del erotismo, manifestándose en un deseo de ser subyugada por el hombre. De este modo, casi siempre se halla asociado con el masoquismo. Fue Ovidio el primero que señaló que el espectáculo de la sangre, como las exhibiciones circenses de su época, inducían a la mujer a un estado mental en el que podía responder adecuadamente a las exigencias sexuales. Fue este método el que, según Goncourt, adoptó un inglés que fracasó en querer que una joven dama le concediese sus favores: la hizo asistir a una ejecución pública en París, con la esperanza de que el espectáculo la obligase a sentir el imperioso deseo del sexo.     

Scott también menciona que cuando Damien fue ejecutado en 1757, los alrededores del cadalso estaban llenos, atestados de mirones, que se gozaban con los sufrimientos del acusado. Después de haberle quemado la mano y haberse visto sujeto a la horrible tortura del aceite hirviendo y el plomo derretido, durante horas, con el acompañamiento de penetrantes chillidos, los caballos lo desmembraron, desgarrándole el cuerpo. Casanova, que fue testigo ocular de la escena, aunque obligado a apartar sus ojos de la misma y a taparse los oídos, afirmó que las mujeres que le rodeaban <<no se conmovieron en absoluto>>.     

No es probable que Scott tenga razón en las distintas respuestas femeninas que describe. En los casos de hombres y mujeres, la escena sádica proporciona completa gratificación a algunos, y estímulos para otras actividades a otros. Además, éste es el caso de muchas perversiones. El afeminado puede alcanzar su culminación vistiéndose como mujer, o puede estimularse con la masturbación. De manera semejante, el cleptómano, el pirómano, el sádico y otros. No parece imposible que el sádico, que debe terminar su gratificación, después de contemplar una escena de tortura, masturbándose, copulando, etcétera, sea simplemente un sádico <<menos puro>> o <<menos completo>> que el individuo que llega al climax sexual sólo contemplando la escena.     

Aquí podría añadirse algo sobre los estimulantes efectos eróticos de las calamidades naturales, las plagas, la guerra... Usualmente se presume que en tales casos es el <<miedo>> lo que provoca la excitación erótica. Sin embargo, parece igualmente plausible sugerir que tales respuestas son sádicas; una titilación producida por el espectáculo de la sangre, la muerte y el dolor.

 

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