Dos de los últimos emperadores merecen mención especial. Uno de ellos fue Heliogábalo (o Elagábalo), un tirano depravado de la línea de Calígula y Nerón.     

Heliogábalo, aún muy joven, escogió su propio nombre, deseando característicamente denominarse Elagábalo, una deidad erótica de los fenicios. De niño, honraba ya a este dios y a otros dioses fálicos, interpretando ritos sodomíticos. También de manera precoz, fue atormentador de animales, afeminado, y ardiente amante y pasivo pederasta.     

Heliogábalo era notablemente bello, afirman los historiadores, y cuando aparecía con su lustroso y largo cabello, ataviado con ricos vestidos femeninos, incluso los hombres se sentían subyugados por su aspecto.     

Al ascender al trono imperial de Roma, Heliogábalo inició su carrera casándose sacrílegamente con una vestal. (Aparte del deleite que le ofreció la <<idea>> de esta ceremonia, no fue de ninguna utilidad para la joven, a la que poco después rechazó. Al revés que muchos de sus predecesores, que fueron bisexuales, o heterosexuales, Heliogábalo era un perfecto invertido.)* Gustando de los casamientos, también realizó un complicado ceremonial en Roma, donde la deidad priápica Baal fue casada simbólicamente con Juno, la diosa de los fornicadores y las rameras.     

Ante el Senado Romano, convocado en sesión especial para aquella ocasión, celebró ritos obscenos en honor de su dios. Elagábalo, matando animales y muchachos. Éstos eran mutilados y sus falos presentados a Elagábalo, arrojándolos a una pira para sacrificarlos al dios.     

Fascinado por la idea de castrarse, o de realizar la operación, Heliogábalo ofreció una recompensa inmensa al médico cuya destreza fuera suficiente para transformarle en mujer. No pudiendo hallar a ningún cirujano que quisiera intentar el proyecto, se vio obligado a sustituirlo por la circuncisión, que estaba muy lejos de ser el remedio para su feminización quirúrgica.     

Como otros anteriores emperadores romanos, vagaba por las calles de la ciudad, después de anochecido, disfrazado como mujer, ofreciendo su cuerpo a los desconocidos para el intercambio físico. A veces, visitaba los burdeles, revelaba su identidad, arrojaba a las prostitutas, y contentaba a los clientes.     

Para las ocasiones en que no podía salir, estableció un burdel especial en el palacio donde, ataviado como mujer, estaba en el umbral y solicitaba, intercambio sexual con los que pasaban por el corredor.      Al final se enamoró de un esclavo de colosal estatura llamado Hieracles. Entonces, lo mismo que Nerón, ordenó otro casamiento, en el que él sería la mujer que se uniría al esclavo. Acto seguido, tuvo lugar una impresionante escena de <<desfloración>> y <<luna de miel>>.     

Heliogábalo acabó por estar tiranizado por este ardiente gigante, siéndole fiel, de acuerdo con su estado, y efectuando los deberes domésticos así como los eróticos de una buena esposa. Pero fue su grotesca pasión por Hieracles lo que selló su destino. Concibió la fantástica idea de abdicar en favor de su esclavo, lo cual le habría convertido en emperador, mientras él, Heliogábalo, habría reinado como emperatriz.     

Este plan fue la gota que hizo desbordar el vaso de agua. El emperador Heliogábalo fue asesinado sin ceremonias y su cuerpo arrojado al río.    

*Heliogábalo volvió a casarse, seguramente por otros motivos que los sexuales.

 

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