A Calígula le sucedió Claudio, a quien siguió Nerón. Del primero poco hay que decir. Aunque naturalmente es tenido por un monstruo, colocado entre Calígula y Nerón, casi parece un modelo de urbanidad.     

Sin embargo, Claudio merece algunas observaciones. Era el marido de la ninfomaníaca Mesalina, cuyo nombre ha conseguido justa fama; cambió la ley del incesto en Roma a fin de poder casarse con Agripina, la hija de su hermano... dando con ello lugar a una ola de casamientos entre tíos y sobrinas, y cuando asistía a las ejecuciones requería que el rostro de la víctima estuviese vuelto hacia él, a fin de observar los cambios de expresión en el momento de la muerte. Es casi seguro que fue asesinado, probablemente envenenado o estrangulado.     

De Nerón se cuenta que ya adolescente exhibió e hizo gala de su extraordinaria crueldad y vicio, características de toda su existencia. De nuevo es Suetonio quien resume:     

Podía excusarse su insolencia, su lujuria, su lascivia, su tacañería, su crueldad (que eran más furtivas que agresivas), diciendo que los chicos son chicos; pero al mismo tiempo está claro que éste era el verdadero Nerón, no el Nerón de la adolescencia. Tan pronto como caía la noche, se amparaba en un manto y un gorro y hacía la ronda de las tabernas o merodeaba por las calles en busca de aventuras, y no siempre inocentes, ya que una de sus diversiones favoritas era atacar a los hombres cuando se dirigían a cenar, apuñalarles si ofrecían resistencia, y dejar caer sus cuerpos en las alcantarillas. También irrumpía en las tiendas, para luego inaugurar un mercado en miniatura en el Palacio con los dioses robados, dividiéndolos en lotes, subastándolos, y gastándose el producto. Durante estas escapadas solía correr el riesgo de morir o quedar ciego. Una vez fue molido a palos por un senador cuya esposa fue molestada por él, lo cual le enseñó a no vagar más en las tinieblas sin una escolta de oficiales que le seguían a discreta distancia. De día visitaba secretamente el Teatro, en una carroza, y contemplaba las luchas en pantomima de los actores, animándoles desde el palco; luego, cuando se pegaban y se arrojaban piedras y rompían bancos, Nerón se agregaba a la diversión, arrojando objetos a la cabeza de la multitud. En una ocasión fracturó el cráneo de un pretor.   

Gradualmente , los vicios de Nerón fueron en aumento; ya no trataba de reírse de ellos, disimularlos o negarlos, sino que se ufanaba de los mismos. Sus hazañas duraban desde mediodía a medianoche, con algún descanso ocasional para tomar un baño tibio o, en verano, frío. A veces, secaba el lago artificial del campo de Marte, o del circo, y allí celebraba banquetes públicos, a los que hacía asistir a prostitutas y bailarinas de toda la ciudad en calidad de invitadas. Cuando navegaba por el Tiber hacia Ostia, o realizaba un crucero más allá de Baiae, erigía un burdel temporal en la playa, donde algunas mujeres nobles, fingiendo ser alcahuetas, solicitaban reclamo...     

No satisfecho con seducir a chicos jóvenes y mujeres casadas, Nerón violó a la vestal Rubria. Casi estuvo a punto de casarse con la esclava liberada Actea, persuadiendo a algunos amigos del cuerpo consular a jurar en falso que era de origen real. Habiendo intentado convertir al joven Sporo en una mujer mediante la castración, celebró con él una ceremonia de boda, con velo nupcial y galas adecuadas al acto, a la que asistió la corte; luego, se lo llevó a sus aposentos y lo trató como a una mujer. Lo vistió con las más finas telas, como si fuese una emperatriz, y lo exhibió en su propia litera por toda Roma, besándolo amorosamente de cuando en cuando.     

La pasión que sintió por su madre Agripina era notable; pero sus enemigos no le permitieron consumarla, temiendo que, so lo hacían, ella se convertiría en la mujer más poderosa y cruel del Imperio. Por tanto, buscó una nueva amante, que se asegura era su propia imagen. En efecto, se afirma que llegó a cometer incesto con su madre cada vez que iban juntos en la litera, y el estado de sus vestiduras cuando salían de la misma lo demostraba.     

Nerón practicó todas las clases de obscenidad conocidas, y al final inventó un nuevo juego: se hacía soltar de una madriguera, ataviado con la piel de una fiera, y atacaba las partes privadas de los hombres y mujeres que estaban atados a unas estacas. Tras haberse excitado por este medio, era satisfecho por su esclavo libre Dióforo. Éste se había casado con él, tal como ya se había casado con Sporo, y la noche de bodas Nerón imitó los gritos y quejidos de una doncella al ser desflorada. Según mis informadores, estaba convencido de que nadie podía vivir sexualmente casto, aunque la mayoría de las personas disimulaban sus secretos vicios; por tanto, si alguno confesaba prácticas obscenas, Nerón le perdonaba sus demás crímenes.     

El ojo vigilante y crítico de Agripina veía cuanto decía o hacía Nerón, por lo que él intentó envenenarla tres veces, mas ella siempre se tomó un antídoto por anticipado, hasta que Nerón inventó una maquinaria en el techo de su dormitorio (el de Agripina) para que unas losas cayesen encima durante el sueño. Sin embargo, alguien dio a conocer la conjura. Luego, Nerón inventó una barca con un camarote, que o debía hundirse o caer el techo sobre Agripina. Nerón se mostró muy contento y de buen humor cuando acompañó a su madre al muelle, y hasta le besó los pechos antes de que ella subiera a bordo. Nerón estuvo en vela toda la noche, muerto de ansiedad, esperando la noticia de la muerte de su madre. Al amanecer, Lucio Agerno, un esclavo libre de Agripina, fue a comunicarle alegremente que aunque el barco se había hundido, su madre había nadado hasta la playa, por lo que no debía temer por ella. A falta de mejor plan, Nerón le ordenó a uno de sus servidores que dejara caer una daga subrepticiamente al lado de Agermo, al que acusó rápidamente de intento de asesinato. Después concretó el asesinato de Agripina, fingiendo que ésta había enviado a Agermo para matarle a él, pero suicidándose al enterarse que la confabulación había fracasado. Hay autores que aún proporcionan más detalles; parece ser que Nerón al examinar el cadáver de Agripina, movió sus piernas y brazos críticamente, y mientras bebía cínicamente, discutía sus defectos y sus bondades corporales.     

También se ha dicho que ordenó que le extirpasen el útero a Agripina para ver el sitio de donde había él salido.     

A éste siguieron innumerables crímenes. Uno de ellos fue accidental, y grande su dolor y altas sus lamentaciones por la muerte de su esposa Popea que estaba encinta, y a la que mató de una patada en el estómago.     

Mencionaremos dos de sus atrocidades: una vez convirtió en antorchas humanas a unos cristianos cautivos, usándolos para alumbrar una fiesta; y en los juegos, durante la violación de las vírgenes, se entretenía imitando sus gritos de angustia.     

Este último emperador de la línea de los Césares murió por su propia mano a los treinta y dos años; su suicidio impidió su asesinato, que era ya inminente. Galba, su sucesor, recibió la noticia con un acto que Nerón seguramente habría aplaudido:     

Homosexual (Galba), mostraba una preferencia decidida por los hombres maduros. Se dice que cuando Icelo, uno de sus compañeros de cama, le dio la noticia de la muerte de Nerón, Galba le cubrió de besos y le pidió que se desnudara sin demora; tras lo cual tuvo lugar el acto íntimo.

 

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